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Kreab Alcobendas Rugby Sub14 cuartos de España

18/05/2016  10:00:00  |  Fabian Moreno
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El equipo Sub14 ha puesto un broche de oro a su temporada acabando 4º en el campeonato de España de la categoría. Los granates no pudieron con Industriales en semifinales - cayeron por un solo punto - y perdieron la final de consolación ante el CAU Valencia. Gran temporada para los Sub14.

Escribir una crónica resumida, breve y concisa de todo lo que nos ha sucedido esta temporada, y que ha tenido su culmen este fin de semana pasado, es algo difícil, muy difícil; sobre todo para alguien con la verborrea incontrolable de este que escribe, pero vamos a intentarlo.

Corría el mes de Enero, y nadie daba un duro por nosotros. Habíamos trabajado, mucho, para acostumbrarnos a los cambios de la temporada, para ajustar cada detalle, para conseguir que un cuerpo técnico que no había trabajado antes en conjunto funcionara como una maquinaria bien engrasada, para acoplar a los jugadores recién llegados dentro de la dinámica del equipo, para buscar al pavo con el que estaban todos nuestros jugadores, y darle muerte de una puñetera vez. Pero teníamos una fe absoluta en las posibilidades y capacidades de nuestros jugadores. Y la Fe mueve montañas.

Primer objetivo deportivo conseguido: no descender de grupo. Si, a nosotros también nos parecía imposible, pero sólo el trabajo y el esfuerzo conducen al éxito, y los tropiezos son algo que aparece sin que te des cuenta.

Siguiente objetivo: meternos en los play off. Para ello un plan sencillo y directo basado en una cosa y una sola cosa, la DEFENSA. Defensa y defensa y defensa, desde el duelo individual al juego colectivo, desde el placaje a la posición de nuestros backs en el campo. Defensa, defensa y defensa. Nuestros jugadores, cada vez más concentrados, cada vez más seguros de sí mismos, más feroces y decididos en el campo, logran terminar la segunda vuelta, la vuelta definitiva, primeros de grupo, con el marcador en contra más bajo del grupo. Y por fin parecía que habíamos encontrado el camino para atacar con el balón, a través de una delantera entregada a la labor de mimar los balones para nuestra línea de tres cuartos, veloz, cada vez más coordinada y decisiva.

Cisneros, Cisneros, Cisneros. Nombre de infausto recuerdo que nos perseguirá durante años. Cuando cualquier entrenador de estos jugadores quiera que vuelvan a concentrarse a salir a tope, a darlo todo, sólo tendrá que preguntarles si se acuerdan de Cisneros, y los tendrán erguidos, con el ceño fruncido y concentrados. Jugamos contra ellos la semifinal, con la intención de ganar y alcanzar la final de Madrid. Jugamos en el Central, ese campo que la selección ha consagrado con su presencia en tantas ocasiones, temprano, con ganas. Y nos borramos del partido, aún no sabemos la razón. Nuestros jugadores salieron siendo una mala versión de sí mismos, y los chicos de Cisneros estuvieron soberbios, concentrados, duros y rápidos, con una propuesta de rugby ordenado y eficaz. El resultado nos obligaba a remontar 19 puntos si queríamos estar en la final. Habíamos sacado la Cara B de nuestro equipo, y nos había costado caro.

De vuelta en Las Terrazas, dispuestos a intentar lo imposible, a asaltar el sueño de llegar a la final, nuestros chicos hicieron un partido magnífico, con una defensa tremenda y un ataque organizado y rápido. Pero Cisneros jugó aún mejor que en su casa, y ambos equipos nos ofrecieron uno de esos partidos emocionantes, duros, durísimos, que te tienen al borde del infarto, pero te dejan buen sabor de boca, que te hacen sonreir cuando escuchas a algún desinformado despreciar las categorías inferiores. Ganamos, de tres puntos, y fue Cisneros quien pasó, merecidamente, a la final. Una victoria merecida, y una eliminación también merecidas. La buena noticia era que habíamos mostrado, al fin, nuestra Cara A.

Industriales. Lo nuestro, con Industriales, esta temporada, ha sido un duelo constante, muy igualado, muy intenso, que dice mucho del trabajo que nuestros rivales, todos ellos, están haciendo con la formación de categorías inferiores. Comenzaron ganándonos, sin paliativos, luego les ganamos nosotros, ajustados, y debíamos cruzarnos con ellos en la lucha por el tercer puesto de la liga de Madrid, en Orcasitas. Concentración máxima, instrucciones claras, tensión, tensión, calentamiento dirigido, pensado, optimizado. Queríamos ganar, y sabíamos que nuestro rival también.

Y la batalla fue lo que fue, un choque titánico de dos grandes equipos, en el que los jugadores de Alcobendas tuvieron de su lado los pequeños detalles que al final te dan el partido. El marcador fue amplio, pero no refleja la lucha que mantuvieron ambos equipos, hasta el final. Nuestra mejor cara, terceros de Madrid, jugando, al fin, rugby.

Y llegó Valladolid. Otro viaje más, otro torneo, pero esta vez con los deberes hechos, y un objetivo claro: meternos en el grupo de Oro, si fuese posible, mostrando nuestra mejor cara. Ya la noche fue, como no podía ser de otra manera, movidita. Conversaciones hasta altas horas de la madrugada, intercambios de habitación, nervios, alguna regañina, alguna bronca, pero nada fuera de lo que cabía esperar.

Al día siguiente tocó madrugar, desayunar y espabilarse.

Inauguramos el torneo contra CRAT A Coruña, de quienes sabíamos poco, por lo que fuimos preparados para encontrarnos a un rival duro, serio. Nuestros chicos vieron que físicamente éramos superiores, y comenzaron a confiarse, y la confianza es un arma de doble filo. Calentamiento serio, duro, y palabras de Rubén: “Tenemos dos caras: la de Cisneros, y la de Industriales. Yo quiero ver la de Industriales”. Mensaje recibido, no hay enemigo pequeño. Un partido en el que nuestros chicos salieron a defender a muerte desde el minuto cero, presionando, recuperando, conservando el balón, moviendo el juego, y anotando. Ni un instante, pese a que la ventaja en el marcador se incrementaba por momentos, se bajaron los brazos. Victoria contundente, alegría, el comienzo del camino prometía.

Castelldefels. ¿Qui som? Cruc, Cruc, Cruc. Equipo de proporciones físicas temibles, a los que habíamos visto jugar duros y ordenados, muy físicos, con una grada animada y animadora, y muchas ganas de ganar. El planteamiento de salida se repite: intensidad desde el mismo calentamiento, defensa organizada y placadora, y conservación de balón. El CRUC se metió pronto en nuestro campo, y atacó, y atacó, y atacó, y nuestros chicos defendieron como si no hubiera más partidos por jugar en toda la vida. Un partido de ajustados tomas y dacas en el que sólo un momento de lucidez y fortuna en el ataque nos permitió romper el marcador, poniéndonos por delante con el que sería el definitivo 7 a cero. Los jugadores del CRUC no bajaron el ritmo en ningún momento, y sólo merced a una defensa petrea fuimos capaces de mantener el resultado hasta el pitido final. Abrazos, alegría, pasillo en el que felicitamos, honestamente convencidos, al rival por su juego y a su grada por su educación, su ánimo constante y su buen humor. Nuestros aficionados intercambian puestos y comparten grada durante casi toda la competición, con padres de Alcobendas animando al CRUC y viceversa. Un hermoso final para un partido que nos metía en la copa de Oro. Objetivo conseguido.

Pero aún quedaba un partido en este día: El Salvador. Si, ya les habíamos ganado, pero no en su torneo, y es que si con los equipos, mal llamados, pequeños, no puedes confiarte, con los grandes clubes mucho menos. Charla, calentamiento, charla, más intensidad de calentamiento, y salimos al campo a ganar a darlo todo, a disfrutar del rugby. Mensaje: “Caballeros, estamos satisfechos, objetivo alcanzado, todo lo que venga es un extra, vamos a por ello, vamos a creérnoslo, vamos a competir disfrutando.” Y volvió a sonar la cara A del disco. Un Alcobendas 2002 entregado, solidario y despiadado supo jugar con una defensa estable, paciente, que recuperó balones y balones; con una melé que supo sufrir, en la que el empuje era para el rival, pero el balón era para Alcobendas, y con una línea que sacaba oro puro de cada balón en ataque. Un esfuerzo titánico que se vió recompensado con un marcador amplio, y el pase a jugar entre los cuatro primeros del Torneo.

Y nos fuimos de excursión. Todos juntos, 2002 y 2003, a subir rampas, cruzar puentes inestables, lanzarnos por tirolinas y librar varias batallas de mini-paintball. No tenemos terceros tiempos en este torneo, aunque se compartió y se habló mucho con los rivales, pero nos dimos una tarde lúdica merecida, en la que las habilidades de más de uno nos sorprendieron.

Cena y cama. No había para mucho más.

Despertamos cansados y felices, pero con la sensación de que aún nos quedaba un día muy, muy largo por delante.

Tras llegar a los campos de Pepe Rojo comenzó nuestra actividad. Calentamiento en fases, con motivación y activación. Frente a nosotros, otra vez, Industriales. Nos tenían ganas, eso seguro, y nosotros a ellos. Se planteaba un partido difícil, duro, en el que el que no fallara, el que no cometiera ningún error, saldría victorioso del campo.

Y comenzó la noria emocional que iba a ser el día del domingo. Salimos al campo, descansados y concentrados, pero no lo suficiente. Industriales ataca por el ala, con decisión, tras varias fases de delantera, y nos perdonamos varios placajes, cosa impensable a estas alturas del torneo. Ensayan. Transforman. Han pasado menos de dos minutos. La cosa no terminó ahí, y aunque mostrábamos señas de volver a ser el equipo de los dos últimos partidos, Industriales estaba en la cresta de la ola, y no paró hasta conseguir su segunda marca, que esta vez no pudieron transformar. Medio tiempo, breve charla con los jugadores, transmitiendo calma y confianza. La segunda parte nos dio una muestra del espíritu indomable que han ido forjando estos chavales, y se consiguieron dos ensayos, con sus respectivas transformaciones. ¡Dos puntos por arriba!¡Estamos en la final!

Sin embargo, el Dios del Rugby no nos debió considerar merecedores de la victoria. Una mala decisión, seguida de un cúmulo de errores, todo ello fruto de los comprensibles nervios, dio un golpe, escorado, a nuestros rivales. Una patada difícil que Industriales transformó, dando la victoria, por un punto a su equipo. Rabia, frustración, pasillo y charla.

Nos quedaba un partido. Uno. Para ver si podíamos, o no, asegurar la tercera plaza. Al otro lado del campo un CAU que había hecho un torneo muy parecido al nuestro. En nuestro lado cansancio, un par de bajas por sobrecarga muscular, y los ánimos por los suelos. Pero los ánimos se levantan, los lesionados estiran, las alergias se tratan, y nuestro grupo vuelve a estar completo, algo más cansado, menos funcional, pero completo.

Tras un calentamiento breve pero intenso, salimos al campo a darlo todo. Pero somos incapaces de encontrar el camino para recuperar el balón. Los rucks del CAU, peligrosos e imparables, su juego sin balón, su forma de crear orden en su desorden, nos desconciertan, y recibimos dos ensayos. Media parte, el árbitro, suponemos que por imperativos de tiempo, nos impide hablar con nuestros jugadores más de diez o quince segundos. No pasa nada, nuestras tropas, cansadas, pero combativas, empiezan a encontrar el camino, a trazar sus propios planes, a atacar las espaldas, con mejor criterio, y guardar como oro cada balón recuperado. Ensayamos. Ya ni siquiera recuerdo si logramos transformar el ensayo. Recibimos, atacamos, guardamos, buscamos, pero el CAU defiende con uñas y dientes, con muy buen orden. Por dos veces estamos a punto de romper sus líneas, golpeando su flanco derecho, y por el centro, con una escapada de pilier que dejó atónito a medio campo. La grada ruge: nuestros padres, nuestros compañeros del 2003, algunos jugadores del CRUC, del CRC, del Liceo, del Sanse, ¡del Ciencias!, animan a nuestros chavales.

Pero es tarde. Los chavales, desolados, cansadísimos, acuden al pasillo, cruzan y forman pasillo al rival, pidiendo revancha con cada grito. Nada que reprocharnos, hay que seguir trabajando, aprendiendo y esforzándose.

Han sido muchas las muestras de hombría de bien de nuestros, cada vez menos, pequeños guerreros, pero voy a resaltar unas cuantas: Nuestro capitán, Iñaki, pidiendo un amistoso con Industriales, porque “ellos han ganado dos, y nosotros otros dos, y así no se pueden quedar las cosas”;  Sumoy, que sufrió un golpe de alergia que le imposibilitó el jugar durante casi todo el domingo, pero que estuvo al pie del cañón, casi cegado, junto a sus compañeros y que en los últimos minutos hizo muy buen papel;  Fercho, que recibió un golpe bestial en el plexo solar, pero quería seguir jugando;  López, ese “López Salvaje”, que corrió, en solitario, midiendo la carrera, presentando el balón perfectamente y esperando ese apoyo que no terminó de llegar;  Kike y su pinta de jugador de futbol modistillo, en contraste con su ojo morado;  Manu, que se jugó un partidazo, y realizó el mejor apoyo interior para evitar la touch de toda la temporada; Álvaro García, que a pesar de su cara de bueno limpió muchos rucks como si los rivales le hubieran mentado a la madre;  Yago, que lloraba enfadado porque “no he hecho nada en este partido”, tras haber evitado un ensayo con un placaje en plancha demoledor; Pacho, que se “pegó” en cada ruck con todos los rivales, y luego decía: ¿Quién, yo?; Klin, que ha resultado ser tan buen medio melé como ala; Marco, que supo romper con su cintura la línea rival en más de una ocasión; Pepe, que corrió, placó y empujó como una bestia, y puso todo su corazón en cada minuto; Pablo, que cuando tuvo que placar, lo hizo, aguantando rivales más grandes como un campeón; Fer Llamas, que jugó de segunda sin quejarse, concentrado y peleón; Montoya, que aguantó como un león mis estiramientos, para no dejar tirados a sus compañeros; Narvarte, que va a ser un gran pilier, aunque aún no lo sepa; Salord, que robó un balón de los pies de la segunda línea rival; Rodrigo, que tuvo que talonar, y lo hizo bien; Juan, que engañó a todos los rivales con ese cuerpo delgaducho, duro como el clavo de la tapa de un ataúd; John, que si entrenase más sería el mejor puto medio melé de la Historia; Adriel, que ha descubierto que corriendo recto se llega más lejos, y antes; Noah, que sacó gente por la banda hasta hartarse; JJ, que fue el zaguero más seguro y fiable de la competición, pero aún no me ha contado por qué le hago tanta gracia; Arsenio, que jugó muy bien, a pesar de su lesión en la cadera, y que en cuanto eche cuerpo va a ser un rival temible.

¡¡Gracias a todos.!!

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