Por José Ramón Quesada

El pasado domingo pude ver un partido de rugby muy especial para mí. De ese rugby romántico donde se da todo a sabiendas de que el partido está perdido. De ese rugby limpio, sin un mal gesto hacia el compañero que falla, ni hacia el rival, ni hacia el árbitro. De ese rugby puro.

La verdad es que hace tiempo que sentía la necesidad de ver un partido del C. Para mí era como una deuda que tenía pendiente. Como muchos sabéis sigo habitualmente al equipo D desde que se creó hace ya cuatro años. Y también sabréis que en su segundo año de existencia, el equipo C cedió su plaza en 2ª división al D con el fin de facilitar la progresión de los chavales que suben de sub18 a categoría senior; pasando ellos a jugar en 3ª. Era lo lógico, pero no por ello no había que agradecerlo. 

Por coincidencia de horarios, las más de las veces, iba dejando pasar las semanas, los meses, los años sin acercarme a ver al C. Y mi deuda de gratitud seguía pendiente. Incluso se iba aumentando, ya que muchos de los chicos del C, nos han ayudado en múltiples ocasiones completando la convocatoria de partidos del D. 

Hoy, por fin, encontré la oportunidad y estuve en Las Terrazas viendo el partido del C contra el CCVK Vallecas Rugby Unión, que presentó un plantel bastante más joven que el nuestro. Es una situación habitual para nuestro C, llevan así toda la temporada, y eso no les iba a asustar. 

De hecho gran parte del partido se jugó en su mitad del campo, y aunque empezamos con dos ensayos en contra y cediendo terreno en las melés (que no el balón ya que ganamos 14 de la 15 que tuvimos a favor), superado el minuto 10 empezamos a arrinconarles hasta conseguir un ensayo por medio de Juan Antonio Lopera, en el minuto 17. Marcador 5-14.

Los siguientes minutos fueron dominados por nuestros chicos del C, e incluso pudo llegar un segundo ensayo, pero pisamos fuera justa antes de llegar a la marca. Poco a poco,  según se acercaba el descanso, la juventud y la velocidad del rival se iban a imponer y consiguieron 3 ensayos en cuatro minutos para cerrar el primer tiempo con un claro 5-29.

Tras el intermedio, se vieron los mejores minutos del Alcobendas, con buena defensa, robando touches e impidiendo que el rival llegase a nuestra marca. Eso duró hasta el minuto 55, cuando los de Vallecas consiguieron irse a palos para aumentar la ventaja a 5-36. Cinco minutos después repetirían la juagada y se alejaban aún más en el marcador 5-43.

Pero el C es mucho equipo y demostraron que de esto saben un poco, acumulando fases fueron ganando terreno de nuevo. Cercana la media hora de este segundo tiempo, organizaron un maul que a punto estuvo de ser ensayo, continuaron con más fases hasta alcanzar la marca por medio de Ignacio Ardila y poner el definitivo 10-43, a falta de 10 minutos.

Creo que el marcador no muestra lo que pasó en el campo, más bien refleja la diferencia de velocidad entre los equipos. Las caras con las que nuestros chicos volvían a vestuarios no eran de derrota. Había cansancio, sí, pero también, y sobre todo, sonrisas de satisfacción.

En resumen, que venía yo con la idea de saldar una deuda y me voy con la sensación de que me han dado todavía más razones para estar agradecido. Tendré que volver más a menudo a ver al C. El equipo en el que todos quieren llegar a jugar.