Hoy viernes 15 de enero a las 18:00 en la Parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja se va a celebrar una misa por Tomás Pardina Marco.

Desde el Club Alcobendas Rugby entendemos que todos queramos mostrar nuestros respetos y acompañar a la familia en un momento así pero por distancia social y para respetar las medidas adoptadas en el Municipio de Alcobendas recomendamos hacerlo siguiendo la siguiente retransmisión:

El viernes se fue Tomás. Tomi, el bichejo que corría por el ala, tenía ahora catorce años. Había empezado a jugar en el club cuando era jabato, a los ocho años o menos. Los que hemos entrenado a los de su edad, aunque haya sido pocas veces, lo recordamos bien: era ese niño rubio que, cuando le ibas a llamar la atención, te miraba con una sonrisa que hacía que olvidaras por qué pelotudez lo ibas a hacer. Te desarmaba.

Hay una foto reciente que se ha compartido estos días, en la que se le ve que sale corriendo con el balón, feliz y pícaro, con el gesto de determinación de quien se dispone a zamparse todo el disfrute que la vida le ofreciera. Es un retrato fiel de lo que ha sido Tomás para nosotros.

Nos dejó en plena batalla de bolas de nieve. Estaba con sus amigos, con su familia, con sus perros. Apurando el goce de la vida hasta el último momento, sin darle treguas a la prudencia, como nos gustaría vivir a todos si fuéramos así de valientes. Él era un valiente y supo utilizar el valor para vivir más.

Hace dos años sufrió un infarto en el cole. Salió de él gracias a los cursos RCP que en su colegio había impartido al profesorado. Se salvó por eso y porque Tomi no se iba a ir así, sin avisar. Nos iba a regalar aún dos años más. Dos años generosos, llenos de sabiduría y encarados siempre con esa sonrisa invencible.

Desde aquel primer susto, Tomi pasó muchas horas, muchos días, no pocos malos ratos en el hospital; pero siempre tuvo buena cara para todos, desdramatizando con alegría y convirtiéndose en el favorito del personal sanitario. Sus compañeros de equipo le tuvieron más presente que nunca y le iban a visitar al hospital los viernes por la tarde, todos los viernes, y de este hábito surgió la magia del hospi-picnic: mientras sus amigos estaban con él, los padres organizaban un picnic en los jardines cercanos al hospital. El hospi-picnic se convirtió en toda una institución: de lo que debería haber sido una situación tensa y dura, Tomi creó a su alrededor una nueva modalidad de celebración. Si esto no es síntoma de grandeza, qué puede serlo.

Con cosas así, Tomi nos demostró que la vida no solo tiene la marcha frenética que nosotros solemos llevar. Tiene otra, la velocidad de los atentos, la de los que viven teniendo más presente el presente, en la que disfrutas más de cada día porque tienes menos prisa en terminarlo.

Tomi también nos enseñó que se puede pertenecer a un equipo de rugby aunque no puedas correr. No tienes por qué tener un puesto en el equipo titular, ni en el banquillo, ni hay por qué ser aguatero, ni subdelegado, ni ayudante del entrenador. Nos enseñó que la pertenencia es algo mucho más importante. Que puedes sentirte y hacer sentir a los demás que somos parte de un equipo aunque estés lejos del campo. Que se puede capitanear el espíritu del club poniendo música, pujando siempre por un bocadillo más en el tercer tiempo, queriendo ser el último en marcharte de allí, regalando esa sonrisa hasta el derroche. Siendo feliz a pesar de todo, e irradiando esa felicidad a todo el club.

Su padre nos ha dicho que el rugby hizo muy feliz a Tomi. Los que le conocimos podemos decir que Tomi consiguió algo más, algo que muy pocos conseguiremos:  llevar la felicidad del rugby donde nadie antes la había llevado.

¡Gracias Tomi!