Foto: Soraya Sanz
Tras ocho meses de campeonato, precedidos de un pretemporada tensa debido a los acontecimientos de la primavera pasada, ha llegado el día. Hoy hay que refrendar todo el trabajo de estos meses. Si se consigue, será el año perfecto, en caso contrario, de poco habrán servido las veintidós victorias precedentes.
La última, la del partido de ida, la más ajustada del año, dejaba todo en el aire. Cualquier jugada podía voltear el resultado y obligarnos a jugar una promoción complicada. Los comentarios que me llegan durante la semana son optimistas: el contrario tiene algunas bajas por lesión; nuestro campo es más ancho y eso nos permitirá correr y hacerles correr…Para aumentar la confianza, el jueves se confirman dos bajas más del rival, esta vez por sanción.
Son tantas cosas que me empezaba a preocupar que hubiera un exceso de confianza. En las redes empieza a moverse la animación; me llueven mensajes por twitter, por whatsapp; se van a llenar las Terrazas; día a día crece mi inquietud, y a la vez las ganas de que sea ya sábado.
Programo mi llegada con tiempo para poder aparcar, pese a ello tengo que hacerlo más lejos que de costumbre. Cuando llego al campo aún está cerrado al público general, pero me dejan pasar. Eso me permite intercambiar pareceres con diversos amigos, todos coinciden en que ganamos fácil y la discusión se centra en la diferencia: serán treinta dice uno, otros opinan que cincuenta… Mi nerviosismo va en aumento, no recuerdo estar así de excitado ni en el anterior ascenso; aquel partido de 2015, a cara o cruz en Tudela frente a Sant Cugat. Poco a poco va llenándose la grada, mil amigos llegan, algunos habituales otros menos, todos granates.
Media hora antes de empezar, los chicos del sub23 ya están gritando, no dejarán de hacerlo en todo el partido, van a estar una semana sin voz, pero no importa. Hoy es el día.
Los jugadores llevan un rato calentando, se les ve metidos en el partido, no reaccionan a los cánticos, siempre he creído en ellos y verles así me tranquiliza, cuando se retiran ya estoy en la grada, ansioso por verles salir de nuevo. Mientras tanto celebramos el homenaje a los equipos de la academia por su excepcional año en los campeonatos de Madrid y de España. Hay mucho futuro ahí.
Comienza el partido y el primero en anotar es el rival, un golpe de castigo que les pone por encima en la eliminatoria. Pero no hay sensación de que el ascenso peligre, poco a poco les vamos haciendo retroceder y diez minutos después Weiss iniciaba la cuenta de ensayos a nuestro favor. Nos poníamos arriba 7-3 con la patada de Cittadini, y ya no volveríamos a estar por detrás en el marcador. Aunque Independiente volvería a pasar otra patada, los ensayos de Fede Castilla y Rory, ambos transformados por Cittadini nos dejaban un marcador al descanso de 21-6 que empezaba a poner las cosas en su sitio.
Nada más empezar el segundo tiempo Rory volvería a ensayar, cortando de raíz cualquier intento de reacción de los cántabros. El partido lo rompíamos por las alas, el pesado equipo rival no podía seguirnos y Mata conseguía un nuevo ensayo. Ya era 31-6 y aún quedaban 25 minutos. Llegaron entonces los minutos que no queremos ver. Quizás por impotencia, embarraron el juego y se produjeron las expulsiones de Sete, primero; y de Grapas y dos rivales en la tangana que empañó el ensayo de Carlitos.
Mala gestión por parte de independiente con dos consecuencias que irán en su contra. En primer lugar y de manera inmediata, quedaban veinte minutos para jugar trece contra trece, en un campo cada vez más ancho y contra un equipo que ya había demostrado que les ganaba en velocidad. En segundo lugar, y para la futura promoción, acumulaban dos sancionados más, lo que les complica su última oportunidad de ascenso.
Se reanudó el partido con la conversión de Cittadini. Los minutos restantes fueron la apoteosis. En el campo no había más que un equipo, y en la grada la algarabía iba en aumento. Con el ensayo de Aarón se empezó a corear el “Campeones, campeones”, poco después Schab alcanzaba de nuevo su marca, saludando a la grada con el balón en alto. Le tocó el turno a la cantera y los siguientes ensayos fueron de Santi y Monchi. Para rematar el partido, Rory conseguía el tercero de su cuenta, que junto con un par de transformaciones sumaba 19 puntos en el partido y se cerraba la cuenta en 67-6.
¡Final! ¡¡FINAL!! ¡¡¡F I N A L!!!
La afición en la grada, los jugadores en el campo, todo el club se funde en numerosos abrazos, todos botamos, todos gritamos: ¡Hemos vuelto a donde debíamos!¡Somos DH! Los voluntarios intentan contener la invasión de campo y lo consiguen lo justo para permitir el ritual del pasillo de jugadores y la salida de árbitros y rivales. Pero es inevitable, todos queremos estar ahí. Todo el club unido y más fuerte que nunca queremos arroparles durante la entrega de medallas y al levantar la copa.
Porque hoy era el día de celebrar con los nuestros que, con su esfuerzo, con su trabajo y con su sudor, han enjugado las lágrimas granates que vertimos al final de la temporada pasada.
José Ramón Quesada
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